El bushido, el código del guerrero y su influencia en el kendo

Bushido, el camino del guerrero, resume en una sola palabra el código de los samuráis. Sin embargo, el término engloba mucho más que un listado de reglas que siguen los guerreros japoneses. La clave es la palabra “camino” y en este caso es también es un modo de vida practicado por nobles guerreros. Bushido es un conjunto de principios que un luchador debe perseguir en su vida para poder combatir sin perder su humanidad, además de ser un líder sin perder contacto con los valores superiores.

El bushido nace del código moral de los samuráis y hace hincapié en la frugalidad, la lealtad, el dominio de las artes marciales y el honor hasta la muerte.

El código del bushido fue desarrollado en una sociedad caracterizada por la distinción de clase y género, nació influenciado por dos corrientes principales la violencia del mundo samurái y la sabiduría y serenidad del confucianismo y el budismo.

El bushido se desarrolló entre los siglos nueve y doce, la enorme cantidad de documentación entre los siglos doce y dieciséis demuestra su amplia influencia a través  de todo Japón.

El bushido y la cultura guerrera de Japón han despertado fascinación no solo entre los japoneses, sino entre las culturas occidentales también. El mayor vestigio de esta cultura es la enorme popularidad de las artes marciales, una de las mayores aportaciones de la cultura oriental. La gente de todo el mundo practica estas artes, no solo para la defensa personal o como deporte, sino como un objetivo a largo plazo de desarrollo personal.

Hoy en día, además, existe la motivación de que muchas de las razones del éxito económico de Japón se basan en las técnicas de dirección que están relacionadas con estrategia de los samuráis. Esto ha provocado el resurgir de varios libros como “El libro de los cinco anillos” de Miyamoto Musashi, “Hagakure” de Yamamoto Tsunetomo y “Bushido: el alma de Japón” de Nitobe Inazo.

Actualmente, el ser humano se encuentra inmerso en una búsqueda de valores éticos. En un mundo donde conceptos como honor, integridad, valentía, sinceridad y la capacidad de sacrificarse por un bien mayor se encuentra sepultado bajo escándalos políticos, la corrupción, el crimen y el egoísmo y la reinterpretación de bushido puede ser lo que nos permita descubrir esos valores.

El código del bushido

Los samuráis fueron pasando el código de forma oral de una a otra generación. A lo largo del tiempo, siete virtudes principales fueron las que se recogieron en un código escrito. Las siete virtudes son:

Gi – Rectitud o justicia

No solo referida a la rectitud marcial sino también a la personal. Una de las virtudes más fuertes del bushido, un samurái la definió como “El poder para decidir sobre una conducta según la razón, sin dudar; lo correcto es morir cuando hay que morir y golpear cuando hay que golpear” Otro samurái  usaba la siguiente metáfora “La rectitud es el esqueleto que otorga firmeza. Sin ella la cabeza no puede permanecer erguida, las manos no se mueven y los pies no nos sostienen. Sin rectitud, ningún talento ni aprendizaje puede transformar a un hombre en un samurái

Yu – Coraje

EL bushido distingue entre el valor y el coraje: El coraje solo puede contarse entre las virtudes del bushido solo si se lleva a cabo bajo una causa justa y recta. Confucio dijo “Saber lo que es correcto y hacerlo no es una muestra de falta de coraje” por lo que el coraje es hacer lo correcto

Jin – Compasión

Es de esperar que un hombre con el poder de liderar y matar a otros, demuestre una extraordinaria capacidad de ser benevolente y compasivo: El amor, la magnanimidad, el afecto, simpatía y lastima son rasgos de compasión, el atributo más grande del ser humano. Confucio y Mencio a menudo señalaban que el mayor requisito de un gobernante es la benevolencia

Rei – Cortesía

Diferenciar entre el servilismo y la cortesía puede ser difícil para los visitantes ocasionales de Japón. Sin embargo, para un guerrero autentico, la cortesía nace de la compasión. La cortesía y la educación es algo que incluso los turistas extranjeros han identificado como algo distintivo del pueblo japonés, pero la cortesía tiene que ser la expresión de compasión hacia los sentimientos de los demás; es una virtud nociva si solamente está motivada por el miedo a ofender el buen gusto. En su máxima expresión, la cortesía es una expresión de amor.

Makoto – Honestidad y Sinceridad

Para un samurái hablar y hacer es la misma acción. Un guerrero no da su palabra, no hace promesas. El acto de hablar se transforma en acto de hacer, nada podrá detenerlo a la hora de llevar a cabo lo que ha dicho que hará. Actuar de otra forma sería mentir, un acto de cobardes y deshonroso. La palabra de un samurái garantiza la verdad de lo que afirma, no hace falta ningún juramento.

Chuugi – Lealtad

Solamente bajo un código de honor la lealtad asume toda su importancia. En la lucha entre la lealtad y el cariño el código nunca se aparta de la lealtad “Un samurái está obligado a apelar a la inteligencia y la conciencia de su soberano aun si debe demostrar la sinceridad de sus palabras con el derramamiento de su propia sangre

Meiyo – Honor

Aunque el bushido se ocupa de la ocupación militar, también se encarga de la conducta no marcial: el sentido del honor, una conciencia vívida de la dignidad y el valor personal, caracteriza al samurái. Nació y fue educado para valorar los deberes y privilegios de su profesión. El temor a la desgracia colgaba como una espada sobre la cabeza de cada samurái. Sin embargo, ofenderse por una ligera provocación se consideraba de tener un carácter débil. Como dice un refrán popular: “La verdadera paciencia significa soportar lo insoportable“.

Historia del bushido

Según el diccionario japonés Shogakukan Kokudo Daijiten, el bushido se define como “Una filosofía única que se propagó entre las clases guerreras durante el periodo Muromachi

En 1899 se publicó “bushido: el alma de Japón” cuyo autor Nitobe Inazo escribió

“El bushido es un código de principios morales que los samuráis debían de seguir. Son unas pautas no escritas que se desarrollaron durante décadas y siglos por una sociedad militar”

Aunque Nitobe es uno de los creadores del bushido moderno, no fue el único que documento el sistema de caballerosidad japonesa. En 1986 Arthur May Knapp escribió en “El Japón feudal y moderno”

“Los samuráis de hace treinta años tenían a sus espaldas más de mil años de entrenamiento en las leyes del honor, obediencia, deber y auto-sacrificio… No era necesario crear esos sentimientos. Los niños eran educados desde muy temprana edad en las forma de inmolarse. El instinto de ser honorables se encuentra en su sangre”

En la época del shogunato de Tokugawa, los aspectos del bushido pasaron a formalizarse en lo que se denominó la Ley Feudal Japonesa.

Honor violencia y muerte

La clase guerrera japonesa empezó a tener relevancia a partir de los siglos IX y X. Lo que en occidente podríamos llamar nobles, guerreros de familias poderosas que habían recibido un título por parte del gobierno, comenzaron a formar grupos y a armarse para defender sus provincias o las de su señor. Estas bandas de combatientes o bushi comenzaron a formar lazos comunes que les proporcionaron una identidad como guerreros, mantuvieron un enorme sentido de la lealtad forjado en sus experiencias en el campo de batalla. Cuando se formó el primer gobierno o bakufu en el periodo kamakura (1185-1333) estos luchadores habían desarrollado su cultura unica basada en un feroz apetito por fama, gloria y honor. Aunque en aquella época el código no estaba escrito, los guerreros se referían a él como “bando musha no narai” (costumbres de los guerreros del este), “yumiya no michi” (el camino del arco y la flecha) o “kyuba no michi” (el camino del arco y el caballo) Realmente el termino bushido no nació hasta finales del siglo XVI y se convirtió en la palabra predominante para referirse al código ético de los bushi a principios del siglo XX

El concepto detrás de esta cultura siempre ha sido el del honor. El honor es la base de la identidad colectiva de los guerreros de Japón. Es cierto que un noble o un campesino podrían albergar su propio sentido del honor, pero este jamás llegaba hasta el punto de despreocuparse por su vida y seguridad. Esto es lo que convierte el sentido del honor de los bushi tan particular. Estos guerreros crearon unas normas de comportamiento basadas en el honor que dirigían las relaciones entre ellos sin importar su rango o posición. En esta época es donde surge la necesidad de hacer famoso el nombre de su familia y que su propio nombre fuera recordado por las generaciones venideras

Debido a que el honor se demostraba gracias a los logros marciales (recordemos que no había exhibiciones, si querías demostrar que eras bueno, lo más probable es que tuvieras que matar a alguien) el tema de la muerte ha sido otro de los ejes de la identidad de los bushi. Así, acabar con la vida de alguien no era visto como algo reprobable, siempre que estuviese justificado. La búsqueda de la fama, la gloria personal o el lavar los insultos al honor eran motivo suficiente para matar o morir. Estos eran los motivos por los que los guerreros luchaban con valentía por su señor, además de la recompensa económica, por supuesto, ya que actuar de manera cobarde significaba un estigma para el guerrero que le traería la desgracia a él y a su familia.

El país en guerra, un periodo turbulento

A pesar de la honorable representación del bushi en las historias medievales, el deseo insaciable de la tierra, el poder y la auto-promoción siempre fue la motivación predominante en el conjunto. Durante el periodo Sengoku de los siglos XV y XVI, multitud de daimio, los señores de la guerra, rivales lucharon para conquistar y, finalmente, reinar sobre todos los estados de Japón. El fin justifica los medios y en este período donde la incuestionable lealtad hacia los señores fue a menudo convenientemente pasados por alto en favor de la ganancia personal, las alianzas y promesas se rompían con la misma facilidad con las que se hacían. Fue un período volátil donde el aumento de influencia o la desaparición de un daymio, su casa y los miembros de su familia, estaban separados solo por una conveniente puñalada por la espalda.

Estas situaciones tan volátiles conducirían a una proliferación de las llamadas reglas de la casa (kakun) leyes (hatto) y prescripciones que esquematizaban el modelo por el que un bushi debería de comportarse. Los guerreros de esta época fueron venerados por las generaciones futuras, en especial por los samuráis que vivieron el tranquilo y pacifico periodo Tokugawa, que a menudo se referían a esta época sangrienta como “Los buenos viejos tiempos” donde un guerrero forjaba su destino a golpe de espada o moría en el camino.

El problema de la paz

Bajo la dirección de la familia Tokugawa, Japón alcanzó un periodo de paz. Los bushi se encontraron en una situación desconcertante y frustrante. Los samuráis eran una clase minoritaria que habían gobernado gracias a sus capacidades militares, pero la amenaza de la paz ofrecía poca o ninguna oportunidad para demostrar su destreza en el campo de batalla y acumular el preciado honor ¿Cómo podrían justificar su existencia? ¿Qué era lo que tenía que hacer un guerrero profesional en tiempos de paz?

Varios eruditos llegaron al rescate formulando y refinando un código de ética para los guerreros, al que llamaron bushido. Las bases para un nuevo sistema de pensamiento político y de conciencia bushi evolucionaron, y los argumentos fueron circulando entre los altos niveles del gobierno justificando la hegemonía de los guerreros, por lo que la paz prevaleció.

Por ejemplo, Yagyu Munenori (1571-1646) en su famoso tratado militar “Heiho Kadensho” aclaró cómo un gobernante virtuoso tiene la capacidad de usar la fuerza militar únicamente para proteger al pueblo. Así, el mantenimiento de un gobierno militar benévolo se consideró vital para el bienestar continuo de la nación.

“A veces debido al mal de un hombre, diez mil personas sufren. Así que matas a ese hombre para que la gente viva en paz. Aquí, en verdad, la hoja que trata la muerte se convierte en la espada que salva vidas”

En otras palabras, el camino de la guerra era el camino de la paz. Tales argumentos fueron rápidamente aceptados por la elite gobernante de Japón. Más tarde, en el período Tokugawa, fueron los escalones más bajos de samuráis, que se habían transformados en empleados civiles no combatientes, desesperados por aclarar su razón de ser. Estudiosos como Yamaga Soko (1622-1685) y Daidoji Yuzan (1639-1730) definieron las pautas morales para que los bushi pudieran vivir su vida. Yamaga Soko observó retóricamente que “el bushi come comida sin cultivarla, usa utensilios sin fabricarlos y obtiene beneficios sin vender. ¿Cuál es la justificación para esto?” Su solución: el papel de un guerrero en una sociedad pacífica era servir a su señor, actuar como ejemplo moral digno de emulación por las otras clases. En otras palabras, vivir en estricta observancia del correcto comportamiento moral y de la etiqueta, siempre manteniendo un alto nivel de preparación militar a través de la práctica y el perfeccionamiento de las artes militares, contrarrestado con el dominio de las artes y las investigaciones académicas. Liderar un estilo de vida tan refinado y la “dedicación al deber” era tan glorioso como luchar valientemente en la batalla. Era un sustituto menos emocionante de la guerra, pero sirvió para satisfacer las necesidades de una multitud de guerreros frustrados, incapaces de racionalizar su propia existencia.

Curiosamente, a pesar de que la muerte en el sentido literal ya no era una realidad per se, el concepto de “muerte” fue idealizado y canalizado hacia la virtud de la dedicación desinteresada al deber y al señor. Uno de los libros más polémicos sobre bushido del período Tokugawa fue “Hagakure” de Yamamoto Tsunetomo que contiene la famosa frase “El Camino del guerrero se encuentra en la muerte“. Las ideas de Tsunetomo eran una reacción a lo que él veía como el deterioro moral de los samuráis, que se habían convertido en cobardes egoístas, que habían olvidado su honorable herencia de enfrentar la muerte sin temor ni pesar.

El bushido después de los bushi

Aunque la clase samurái fue abolida durante el período Meiji, no significó el final de bushido como una emotiva fuerza motivadora, especialmente a partir de mediados de 1880. En esa época el péndulo cultural comenzó a balancearse en una dirección claramente nacionalista en la que la tecnología occidental fue complementada por el indomable “espíritu japonés” (wakon-yōsai)

Profesores como Inoue Tetsujiro intentaron ligar el bushido con el servicio al estado, asociándolo con el patriotismo y la devoción al emperador. Sin embargo, quizás la persona más influyente de todos los tiempos a la hora de difundir el bushido fue Nitobe Inazo. En 1899, publicó “Bushido: El Alma de Japón” donde retrató el código del guerrero al mundo occidental como análogo a los ideales cristianos. Hizo hincapié en virtudes tales como: honestidad, justicia, cortesía, coraje, compasión, sinceridad, honor, deber y lealtad y autocontrol. Argumentó que el bushido se había propagado desde la clase bushi e impregnado la perspectiva moral de todos los niveles de la sociedad japonesa, reflejándose en la resistencia física, la fortaleza y la valentía del pueblo japonés.

En la década de los treinta muchos militares japoneses descubrieron “Hagakure” y “Bushido” para encontrar consuelo y fuerza al enfrentarse a su propia mortalidad como guerreros del “Imperio del Sol Naciente” Después de la Segunda guerra mundial el Bushido cayó en desgracia. Japoneses y extranjeros criticaron el código del guerrero y lo identificaron con la parte más repugnante del comportamiento del ejército japonés durante la guerra. Muchos japoneses renunciaron al bushido, calificándolo de una ideología militarista equivocada, que provocó la derrota del país y como algo poco adecuado para la nueva sociedad democrática de postguerra.

Sin embargo, la fascinación que provoca el código del guerrero llevo a investigadores a traducir los documentos que hacían referencia al bushido, en 1970. El doctor Carl Steenstrup llevó  cabo una investigación sobre los clanes de samuráis más famosos, incluyendo Hojo Soun e Imagawa Ryoshun. Steenstrup mostro sus resultados en 1977 en una conferencia en Harvard bajo el título “Hojo Shigetoki (1198–1261) and his Role in the History of Political and Ethical Ideas in Japan

Según los editores de Monumenta Nipponica, una publicación anual que recoge estudios sobre la cultura y la sociedad japonesa desde 1938, “Decenas de miles de documentos sobrevivieron desde la época medieval… Solo algunos han sido traducidos”

La principal investigación sobre el bushido fue realizada por Willian Scott Wilson. En 1982 publicó “Ideals of the Samurai: Writings of japanese Warriors” Esta obra examina documentos desde principios del siglo VIII hasta el siglo V ac y muestra los valores comunes que se podían encontrar en diferentes linajes familiares, lugares geográficos y clases sociales.

En mayo de 2008 Thomas Clearly tradujo 22 textos acerca del bushido escritos por guerreros, académicos, consejeros políticos y educadores. Esta colección muestra una rica visión de la vida y filosofía de los samuráis. El libro ofrece una visión desde dentro del mundo de los guerreros japoneses.

El desarrollo moral y psicológico del guerrero, los estándares éticos que tenían que alcanzar, su entrenamiento en las artes marciales y la estrategia, y el enorme papel e influencia que el budismo, shintoismo, taoísmo y confucianismo tuvieron en el ideal samurái”

Este trabajo, recogido en 22 capítulos, cubre cerca de 500 años desde el siglo XIV hasta el siglo XIX.

El bushido y las artes marciales

En la actualidad, el bushido ha supuesto una influencia en el desarrollo de multitud de artes marciales. La mayoría de disciplinas que derivaron de las antiguas Koryu Budo hacia las más modernas o Gendai Budo, reflejan el espíritu del código del guerrero en las normas de conducta que se imparten en el dojo

El kendo, el aikido, el shorinji kempo, el judo, el karate, el kyudo, el jiu-jitsu, el kobudo o el iaido, entre muchas otras, buscan forjar el carácter de sus practicantes y preparar a estos modernos bushi en los principios de la lealtad, la bondad, el respeto y el coraje, características y valores imprescindibles para el desarrollo personal y una formación moral y ética

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